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bei Peralejos de las Truchas, Castilla-La Mancha (España)

Llegamos a Peralejos de las Truchas un viernes por la noche. Hicimos noche en el Camping La Serradora, un lugar acogedor, sencillo en un lugar espectacular y con el río justo al lado donde a la mañana siguiente podrás tomar un baño si eres de los que te gusta despertarte en modo shock. Una vez recogida la tienda, bajamos por la carretera hasta llegar a un puente que pasa sobre el propio Tajo y del cual sale la pista que irá paralela al río. La tomamos y disfrutamos de los preciosos paisajes, cañones y meandros que va haciendo el río. Hay alguna rampita dura, pero que apretando riñones se llega arriba.
Alcanzamos la Laguna de Taravilla y nos tomamos un descanso. Es un lugar bello y apetece sentarse a la orilla para contemplarlo mientras se surgen interesantes conversaciones y vemos como una culebrilla e agua intenta cazar algún pececillo despistado.
Después subimos el camino de arena que va hacia Taravilla y allí dejamos las bicis para disponernos a bajar andando a la cascada de El Salto. Es un sendero bien acondicionado pero por el que hay que ir con cuidado. Llegamos a un mirador desde el cual se puede contemplar la belleza de este paraje. La cascada es preciosa, y la poza que queda a sus pies de agua trasparente y de color verde esmeralda todavía más. Con el calor que hacía esa poza nos decía... báñate, báñate, báñate... así que seguimos bajando por un sendero de cabras y en el cual hay un punto un poquito delicado y llegamos a una piedra donde poder acomodarnos y darnos el merecido chapuzón... El agua estaba bastante fría, pero con el calor que hacía se agradecía un montón.
Nos secamos, remontamos el sendero y volvemos a coger las bicis. Bajamos de nuevo a la laguna y tomamos el camino que sale a la derecha, cruzamos un puente colgante muy bonito en un paraje sorprendente, donde el remanso del río con sus maravillosas pozas y las sombras de los árboles, hace que toda esta área esté llena de gente... menos mal que ya nos habíamos bañado en la poza del salto, ya que la pudimos disfrutar nosotros solitos.
Continuamos por el sendero en cuesta arriba, a veces pedaleando, a veces empujando pues con el peso de las bicis hay pasos que son imposibles de hacer. Así llegamos a las casas del Salto. Seguimos nuestra ruta paralelos al río como siempre, pero ahora ya por la margen izquierda. Los paisajes espectaculares se suceden uno tras otro, y la luz del atardecer enrojece las paredes que encañonan el río haciendo de todo esto un festival para la vista y los sentidos.
Llegamos al puente de Peñalen, esta vez cogimos el camino que te lleva directamente a él y disfrutamos de sus maravillosas vistas desde la perspectiva de éste, y no desde el mirador como hicimos la otra vez que estuvimos por aquí.
Retomamos nuestro pedaleo y así llegamos al refugio del vado de Salmerón donde decidimos pasar noche. Afortunadamente no había nadie y estaba bastante limpio así que pudimos descansar en condiciones.
Esta primera etapa nos la tomamos con mucha calma, disfrutando de los parajes y parándonos en aquellos lugares que nos gustaba. Eso significaba que al día siguiente tendríamos una etapa mucho más larga y dura. Pero es que el Alto Tajo es para disfrutarlo y tomárselo con calma

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