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bei Fermoselle, Castilla y León (España)

Primera etapa realizada en tierras de Zamora.

Fermoselle: 1.356 habitantes.

Situada en plenos arribes del Duero, en un altozano de laderas trabajadas en bancales, la villa ofrece una inmejorable situación que ha sido aprovechada estratégicamente a lo largo de su historia. El destruido castillo que coronaba la villa fue el último baluarte del Obispo Acuña en la guerra de los Comuneros.

Su trazado urbano remite a un pasado medieval del que se conservan aún algunas puertas como la del Arco. También la plaza mayor posee un gran encanto y constituye el centro de la vida de Fermoselle. Conserva su iglesia parroquial del siglo XIII, con portadas románicas aunque renovada en su interior en el siglo XVI, así como dos ermitas y varios cruceros.

Recientemente ha sido restaurado también el convento de San Francisco, de 1730. En la gastronomía local hay que destacar los vinos de los Arribes sustentados en la variedad de uva autóctona Juan García. Los viñedos, frutales y olivos se cultivan tradicionalmente en terrazas bien soleadas y a salvo de los vientos y bajas temperaturas. El aceite es otro producto del lugar.

El camino inicialmente toma dirección norte, siguiendo la denominada ruta de los Arrieros, que será una referencia constante en esta etapa y parte de la siguiente.

A la salida de la población se deja una importante fuente, la de la Noria. Luego sigue por campos de cultivo a ambos lados, sobre todo, viñedos, olivos y almendros.

Antes de llegar a una zona que en su momento sufrió un incendio, el camino inicia una bajada hasta un terreno poblado de retamas, seguidamente sube de forma pronunciada una vez que se pasa un bonito pontón en un paraje muy tranquilo.

Se transita por una zona más panorámica y en algunos puntos ya se puede contemplar la población de Pinilla de Fermoselle. Las formaciones graníticas serán las dominantes, con llamativos trozos de cuarzo que aparecerán de forma considerable.

Cuando se desciende hacia el arroyo de las Gorbias se puede apreciar las ruinas de un antiguo molino con las ruedas de moler en el piso de arriba. El estrecho sendero sube hasta un balcón que ofrece una espectacular panorámica sobre el río Duero.

Pinilla de Fermoselle: 88 habitantes.

Se llega en subida por una estrecha senda encajada entre paredes de piedra. La localidad parece cobijada en una de las revueltas del Duero, con salidas al Este y Sur.

Por los otros puntos cardinales, el estrecho cañón del Duero, entre Los Infiernos y Falla Venturera o Viturera, es morada de cigüeña negra, halcón peregrino, águila real, búho real y alimoche (aquí lo llaman fraiñosico).

El terreno es agreste, salvaje y solitario. Integrada en el medio, la localidad, de calles serpenteantes, nos ofrece unos edificios construidos en excelente mampostería, separados por huertecillos y cortinos, entre olivos y frutales.

La Iglesia, de la que es titular Nuestra Señora del Carrasco, y su espadaña no pueden ser más austeras, más sencillas, más en consonancia con las viejas edificaciones del pueblo. Su entrada, con arco ojival, es resultado de pasadas modificaciones y arreglos.
Abandonando temporalmente el de los Arrieros nuestro camino sigue la carretera que desciende en seguida para volver a cruzar el arroyo de los Pilos, desde allí, siempre picando hacia arriba entre algunos enebros de gran porte hacia la población de Fornillos de Fermoselle no sin antes volver a cruzar la misma carretera en un lugar donde hay un crucero, la Cruz de la Figálina. Poco a poco el sendero avanza, primero por terreno de cultivo abandonados y finalmente por tramos flanqueados por cerramientos de piedra hasta llegar al pueblo.

Fornillos de Fermoselle, 107 habitantes.

De su pasado ceramista y alfarero permanece su nombre. Restos de hornos y tejares quedan en el paraje de El Barrero, cuyo suelo está constituido por arcillas. De la explotación de los barros se ha pasado a la de sus magníficos granitos de grano fino, extraídos de la cantera del Cerro San Roque.

La localidad se halla inmersa en un entorno aún no adulterado. Conserva una fuente abovedada y varias con bomba.

La Iglesia, de estilo renacentista (S. XVII), es obra de excelente factura, aunque sin rematar su cubierta, como lo prueban sus incompletas trompas. En el exterior, una Impresionante morera ha cobijado los concejos abiertos.

Durante los primeros 800 metros el camino inicia un suave e inapreciable ascenso. Paredes de piedra, fuentes y casetas de pastor irán apareciendo junto al mismo. Luego, tras pasar una cancela, el camino cambia y transita entre encinas, enebros, retamas, todo ello entre bolos de granito.

Al pasar por el paraje denominado La Borriquera, se puede ver en algunos puntos ambas vertientes del río..

A partir de aquí el camino llega a una zona en bajada donde hay un tramo empedrado para que los carros no se hundiesen en el terreno. Luego sigue el pastial y hay un momento donde el camino se desdibuja aunque en seguida se encajona entre paredes de piedra para llegar en bajada a

Mámoles. 48 habitantes.

Mimetizada en un entorno de excitante belleza, conserva su carácter ancestral.

Los vericuetos de sus caminos producen una sensación continuada de tranquilidad, entre variada vegetación.

El Castiello, pequeño castro situado a unos pocos centenares de metros, aguas abajo del arroyo, nos remite a la época Soto I. De esta paz, y del buen acuerdo de aquellos habitantes, pudiera ser testimonio la existencia de un lagar, de tipo comunitario, ubicado en la mitad del trayecto existente entre la población actual y el Castiello. De la Casa El Grelo, amplia fractura en la roca del Arribe, se han sacado piezas diversas pertenecientes a períodos prehistóricos.

Los huertos, diminutos y excelentemente trabajados, se hallan comunicados por estrechos senderos serpenteantes. La parte norte del término, la más alejada, ya junto al Arribe, se destina al cultivo de un viñedo productor de excelente vino. Los restos del barracón de carabineros recuerda la época de estrecha vigilancia del contrabando en la frontera. La Parroquia, de sencilla fábrica, guarda un interesante sagrario del S XVI.

Entre Mámoles y Fariza de Sayago nuestra ruta seguirá la carretera ZA-L-2218.

Fariza de Sayago: 245 habitantes.

La armonía de la arquitectura tradicional de esta localidad, cuyos edificios se hallan diseminados por la ribera, queda rota por algún edificio de moderna construcción.

El Puente Grande (Virgilio Sevillano afirma su origen romano por la estructura de sus pilastras) presenta arcos apuntados. Esta bella obra, reconstruida en 1792 a juzgar por la fecha que figura en una de sus piedras, resulta un poco inexplicable en su origen y finalidad.

El "Puente La Poza", a unos metros del puente de la carretera a Badilla y aguas arriba de la rivera, es de lancha única de pontón a pontón. Uno de los más bellos puentes tradicionales de Sayago se halla en el camino que va desde la Ermita de Virgen del Castillo a Cozcurrita, en una ribera de hermosa panorámica y con alto número de molinos (rondaban los 20). Hoy sólo el de José Laguno y el de Pedro y Tomás Poza siguen moliendo. Aquí no eran comunitarios; los dueños cobraban su trabajo por la modalidad de "maquila".

En la Iglesia Parroquial, con sencillo crucero en su frente y estela romana adosada a su muro Sur, podemos admirar una imagen románica del S. XIII, Virgen con el Niño, talla en madera, completa y no de vestir. Es la patrona de la localidad y su ubicación original se hallaba en su Ermita de la que se ha traído para su protección.

Por una carreterilla seguiremos hasta alcanzar la Ermita de Ntra Sra. Del Casillo y el mirador de las Barrancas. De regreso a la ermita, descenderemos por una senda hasta el arroyo del Pisón, que cruzaremos junto a la zona donde se ubicaban los molinos.

Tras alcanzar un pista, el camino toma de nuevo dirección norte.

Cozcurrita. 42 habitantes.

Se trata de un pueblo-calle que conserva rincoques entrañables por su simplicidad, sencillez y austeridad.

Atravesaremos el pueblo hasta abandonar la carretera y sustituirla por caminos protegidos por paredes de piedra. Descenderemos hacia el arroyo de la Minbre y seguiremos su curso

Badilla: 121 habitantes.

Según el testimonio popular, el nombre proviene de vado, que hacía referencia al que permitía el paso a Miranda (Portugal) por medio de una barca, y su primitivo emplazamiento se hallaba situado en la margen derecha del arroyo, unos quinientos metros aguas arriba, en el sitio que hoy llaman "El Castro" donde, al parecer, se han encontrado restos de cerámica.

La localidad, muy diseminada y con su arquitectura popular bastante bien conservada, se asienta a lo largo de la ladera que mira al arroyo El Mimbre. Por una de sus calles, llamada La Calzada, pasaba la vía que unía Fariza con Torregamones. En el arroyo, bordeado en sus dos márgenes por huertos con sus cigüeñales, se conservan, próximos al pueblo, tres molinos que aún siguen funcionando.

Desde Badilla ya solo restará carretera para llegar a destino. Primero la local ZA-P.2222 y después la ZA – 324 que en descenso nos llevará a la presa de Miranda do Douro. Desde allí, fuerte subida para llegar la población final de esta etapa. Desde la presa hasta el hotel, 4 kilómetros aproximadamente.

Miranda do Douro: 7.482 habitantes.

Reseñar su Catedral, datada en 1552, y algunas obras barrocas muy interesantes. También el palacio episcopal. Hay numerosas iglesias por todo el municipio.

Entre los museos se puede citar el “Terra de Miranda” creado en 1982 pasa revista a la historia de los habitantes a través de numerosos objetos.

Es significativa la gran cantidad de cruceros existentes en el concejo.

Los habitantes de esta zona hablan un dialecto diferente del portugués, el mirandes.

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