Zeit  8 Stunden 9 Minuten

Koordinaten 3250

Hochgeladen 5. Oktober 2015

Aufgezeichnet Oktober 2015

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bei La Carolina, Andalucía (España)

Travesía en la que emulamos a los antiguos viajeros de finales del siglo XVIII que atravesaban esta porción de Sierra Morena uniendo la histórica población del Viso del Marqués en Ciudad Real con la nueva población de La Carolina en Jaen, pasando por las colonias de Miranda del Rey y Magaña, cruzando una indómita sierra plagada de bandidos y salteadores que aprovechaban el trasiego habido entre la Meseta Castellana y las fértiles tierras andaluzas para cometer sus escaramuzas. Los restos del pasado minero de La Carolina, la imponente silueta del Castillo de las Navas de Tolosa, el paradisíaco enclave de La Aliseda mostrando sus incipientes tonalidades otoñales en la ribera del Río de la Campana, la increíblemente conservada alfombra pétrea de la calzada medieval del del Empedraíllo, la espesura de los bosques que tapizan el Parque Natural de Despeñaperros y la Sierra del Viso y de San Andrés, junto con la sobriedad de la llanura manchega jalonan nuestros pasos en la búsqueda de las reminiscencias de la colonización de Carlos III de estas salvajes e históricas tierras. Si a todos estos alicientes le sumamos los ecos del esplendor de la berrea y la nostálgica sensación que irremediablemente nos invade en la fantasmagórica aldea de Magaña nos da como resultado esta inolvidable ruta, magnífico ejemplo de cómo la historia y la propia naturaleza hacen camino en comunión perfecta para el deleite de todo caminante que sepa apreciar este valioso legado.
Iniciamos esta ruta en La Carolina, la joya urbanística de Sierra Morena, construida por Carlos III en el siglo XVIII dentro de su proyecto de colonización de esta región para repoblar y desarrollar económicamente estas tierras áridas y despobladas impulsando así el eje de transporte Madrid-Cádiz y controlar de paso el gran bandolerismo y pillaje que sufría esta sierra al amparo de su escabrosa orografía. La Carolina se convierte por tanto en la capital de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena. Su planteamiento arquitectónico está considerado el mejor ejemplo de urbanismo español de la época con trazado cuadricular salpicado de plazas circulares, rectangulares y poligonales de acuerdo a las nuevas ideas ilustradas. Los primeros colonos llegaron en 1767 y fueron traídos de Europa Central.
Dejamos el vehículo en las afueras de La Carolina, junto al Polígono Industrial tras pasar una planta de energía solar. Comenzamos a caminar siguiendo la carretera que nos conduce al Area Recreativa de la Aquisgrana. Desde este primer momento encontraremos las señales rojiblancas de sendero de gran recorrido puesto que durante los primeros 10 kms de esta ruta discurren por el GR 48 o Sendero de Sierra Morena, en este caso al tramo perteneciente a la 28ª y última etapa de este gran sendero, la etapa La Carolina – Santa Elena.
Seguimos por la carretera en descenso con dirección sur pasando una amplia curva y tras llevar 1´3 kms aprox. encontraremos una cancela a nuestra derecha que atravesamos (cerrándola posteriormente por supuesto) para tomar un sendero que nos conduce en descenso al cauce del Arroyo de los Tramposos y oculto por un bonito adelfal. Bajo nosotros podemos ver el Area Recreativa de la Aquisgrana, ubicada en una antigua área minera de la cual quedan algunos vestigios. Tras vadear el arroyo lo seguimos cauce arriba unos metros para posteriormente irlo abandonando en subida para dar vista a las imponentes ruinas de la Mina La Rosa y del Castillo de las Navas de Tolosa que aparecen frente a nosotros. Abandonamos transitoriamente el GR para ver de cerca estos impresionantes vestigios del importante pasado minero carolinense que consiguen dejarnos boquiabiertos ante su monumentalidad. Frente a esta mina, fundada a finales del siglo XIX y de gran actividad a comienzos del siglo XX, podemos contemplar la casa de máquina de extracción, una casa de calderas, una casa de compresores, un lavadero, más una serie de edificios auxiliares y restos de escombreras, además de los imponentes muros de mampostería que dan sostén a este complejo. Se extraía galena argentífera, mineral compuesto de azufre, plomo y plata. Sorprende saber que La Carolina se convirtió en el siglo XIX en el mayor productor mundial de plomo.
Descendemos para retomar de nuevo el GR siguiendo un vallado para atravesarlo por su correspondiente puerta y tras un corto pero fuerte repechón llegaremos a un collado donde ganamos vistas a la mina y sobre todo a los restos del histórico Castillo de las Navas de Tolosa, o Castillo del Águila como lo llamaban los musulmanes. Este castillo roquero, del que quedan los restos de las murallas y su torre del homenaje de planta hexagonal, fue construido sobre un espolón rocoso en el s. X durante la época califal y formaba una línea defensiva junto con el castillo de Castro Ferral y con el castillo de Baños de la Encina. Al otro lado del cerro, separado del castillo por un collado podemos ver la gran chimenea de la antigua Mina del Castillo.
Descendemos ahora junto por un terreno adehesado donde vemos ganadería brava hasta aproximarnos a la autovía y a un área de servicio, donde antes de confluir en ella tomamos el camino que nos aparece a la izquierda hacia el norte cruzando una cancela entre pinos y dehesa nos conduce rápidamente a la carretera JA-7100 que comunica La Carolina con La Aliseda.
Nos cruzamos al otro lado de la carretera y avanzamos paralelos a ella siguiendo un cortafuegos que 200 metros después nos lleva de nuevo a avanzar por el mismo asfalto de la carretera que ahora seguimos ininterrumpidamente hacia La Aliseda en dirección norte. Esta carretera discurre entre un espeso encinar y sotobosque mediterráneo donde predomina la jara con continuas y hermosas vistas sobre el barranco formado por el Río de la Campana y los restos de antiguas explotaciones mineras que jalonan el paisaje. Destaca la silueta del Castillo de las Navas de Tolosa como viejo vigía de estos ancestrales pasos.
Cuando llevamos alrededor de 1 km de trayecto sobre asfalto encontraremos al salir de una curva a derechas una curiosa formación granítica sobresaliendo sobre el encinar. Se trata del Peñón del Zapato, donde la naturaleza se ha permitido este pequeño capricho esculpiendo con el paso del tiempo un zapato perfecto en un gran bolo de granito donde no es necesario que la imaginación fluya mucho para darse cuenta de la similitud de esta escultura erosiva con un zapato gigante.
Seguimos la carretera acercándonos cada vez más al cauce del Río de la Campana y contemplando a lo lejos los restos de la Mina de La Inmediata que quedan al otro lado del río. Hemos de estar atentos cuando lleguemos al puente con el que la carretera cruza el Río de la Campana pues aquí el GR abandona el asfalto y prosigue por un bello sendero que nos baja a la misma orilla del río donde nos sumergimos en un tupido vergel de vegetación ribereña que a modo de bosque en galería acompaña el discurso del Río de la Campana que desciende plácido entre las hojas caídas que cubren su superficie brindándonos una bucólica estampa de entrada al paraje conocido como La Aliseda.
Entre fresnos, alisos, álamos y encinas el sendero progresa a la vera del río remontando su cauce en un tramo que es una verdadera delicia, sumidos en la placidez de la esbelta arboleda que cubre nuestros pasos. Sin darnos cuenta llegamos a una represa donde se despeja el valle y topamos con el Area Recreativa de la Aliseda, con sus viejos castaños y diferentes dotaciones para el ocio y recreo. Estamos en un precioso enclave donde algunos historiadores sitúan La Fresneda, lugar donde murió en 1157 Alfonso VII El Emperador, rey de Castilla y León, cuando regresaba del sitio de Almería. En la otra orilla del río, por encima de la carretera se ubican las ruinas del gran balneario de La Aliseda, de lujosas instalaciones que tuvo su apogeo a comienzos del siglo XX aprovechando las propiedades medicinales de las nacimientos de agua que abundan en la zona, en especial del Manantial de San José, muy valorado por su agua nitrogenada, ferruginosa y manganesífera.
Atravesamos íntegramente el área recreativa llegando a un puente que da acceso a la misma donde el GR 48 tuerce a la derecha hacia el este en dirección a Santa Elena. Nosotros obviamos ya en este punto el GR y continuamos hacia el norte paralelos al río siguiendo un amplio sendero que nos sumerge en la espesura del bosque de ribera que vuelve a tupir nuestro camino. Este tramo vuelve a ser una verdadera maravilla con el murmullo del agua acompañando los haces de luz que rasgan el techo vegetal cubre este túnel arbóreo. Inmensos pinos se añaden a la surtida arboleda mientras avanzamos hasta llegar a un puente con el que la carretera salva el Río de la Campana. Junto a este puente encontraremos un vistoso y retorcido fresno centenario que nos marca el final de este precioso tramo ya que tras pasar el puente tomaremos una pista que da continuidad a nuestro rumbo norte junto al cauce ya seco del río en busca de Miranda del Rey.
Esta pista que llevamos ahora discurre por el trazado de la antigua vía romana que conducía a la meseta castellana de la actualmente apenas quedan vestigios. En 3 kms llegaremos a Miranda del Rey siempre yendo paralelos al río cuyo cauce remontamos. Llega un momento en el que nos aparece una bifurcación del carril, tomando el de la derecha que inmediatamente nos lleva a las afuera de Miranda.
Miranda del Rey es una pedanía de Santa Elena que surgiera a raíz de una antigua casa de postas, la Venta de Miranda, junto al Camino Real y parada obligada para los transeúntes que cruzaban Despeñaperros, donde descansaban y aireaban a las bestias. La colonia de Miranda, nació en torno a 1768 dentro del proyecto colonizador de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía impulsada por Carlos III y dirigida por el peruano Pablo de Olavide. En un informe de Simón Desnaux de 1768, se nombraba como una de las aldeas creadas con 14 vecinos de nación alemana y suiza, en las que en su origen se construyeron 16 casas y con 17 suertes . Inicialmente la Venta de Miranda dependía de la feligresía de Santa Elena, para posteriormente al tener capilla crearse una feligresía propia con sus propias suertes y tierras.
Algo más al este del casco urbano de Miranda del Rey podemos contemplar el Llano de las Américas, lugar exacto donde se libró la famosa Batalla de las Navas de Tolosa en 1212.
Dejamos atrás Miranda del Rey siguiendo la amplia pista que en dirección norte discurre próxima al Arroyo de la Asperilla y que atraviesa distintas Suertes de Miranda siguiendo aún el trazado de la antigua vía romana. A 1 km de Miranda, tras trazar la pista una curva a la izquierda sale de la misma otra de menor entidad que manteniendo dirección norte inicia un ascenso bastante más acusado entre jara pringosa que nos hace ganar altura rápidamente. Hacia el este, al otro lado del Barranco formado por el Arroyo de las Asperilla veremos la altiplanicie de la Mesa del Rey, lugar donde acamparon las tropas cristianas antes de iniciarse la batalla de las Navas de Tolosa y desde donde se controlaban los movimientos de las tropas.
Llegamos a un cortafuegos donde la pendiente ya se suaviza bastante y de forma cómoda seguimos el camino que continúa manteniendo dirección norte hasta llegar a un cruce de caminos ya en las proximidades del Salto del Fraile o de la Graja. Aquí tomamos la pista que en ascenso se dirige hacia el NO para confluir en otra de mayor entidad y que le da continuidad a la subida que llevamos. Esta pista traza una curva cerrada a la derecha un poco más arriba y hemos de salirnos de ella en este punto tomando una camino auxiliar que discurre unos metros más arriba de la pista de forma paralela a la misma y donde encontraremos “El Empedraíllo”, un antiguo camino real empedrado de origen medieval que conserva su original adoquinado de piedras irregulares al estilo de las antiguas calzadas romanas. Consta que fue rehabilitado por los Reyes Católicos y aunque inicialmente se le atribuyera origen romano es posible que esté situado sobre una antigua calzada romana. Resulta muy placentero y evocador caminar estos escasos 200 metros de tan grata superficie. Cada surco, cada irregularidad del pavimento sugieren innumerables historias y huellas invisibles que han conocido esta desgastadas y pulidas piedras.
Tras atravesar tan bello rincón confluimos de nuevo a la pista que llevamos que integrada en un frondoso pinar comienza a llanear e incluso a descender suavemente mientras queda bajo nosotros una pantaneta del Arroyo del Rey, a cuyo curso nos aproximamos progresivamente hasta confluir en él. En este punto tomaremos una pista señalizada que inicia un fuerte ascenso hacia el norte en busca del Puerto del Rey, ubicado en el collado entre el Cerro de Malabrigo y el Cerro de las Grajas y al que llegaremos tras algo más de 1 kilómetro y medio de ascenso por dicha pista. Las vistas a la espesura de los pinares que cubren esta vertiente y a las cumbres de Malabrigo, la Peña de las Grajas y La Estrella sirven de excusa para recuperar el aliento recreándonos en la panorámica.
El Puerto del Rey es un histórico paso de esta sierra, donde según la leyenda, fue el paso que enseñó el pastor Martín Halaja a las tropas cristianas que participaron en la batalla de las Navas de Tolosa. Fue por aquí por donde el ingeniero Joaquín Iturbide escogió el paso a mediados del siglo XVIII para mejorar las comunicaciones entre Madrid y la costa andaluza, sobre todo Cádiz, por donde entraban todas las mercancías y productos procedentes de las colonias americanas. El problema era que en un tramo de cinco leguas las cuestas eran tan pronunciadas que había que utilizar recuas de mulos porque los carros no eran capaces de subirlas. Iturbide pensó como alternativa en un camino más llano por el desfiladero de Despeñaperros, el único paso natural entre Andalucía y la meseta castellano- manchega, pero implicaba una difícil obra de ingeniería. Unos años después, el ingeniero militar Carlos Lemaur, retomó ese proyecto y trazó una carretera para las diligencias entre 1779 y 1783 en pleno desfiladero junto al río Despeñaperros.
Iniciamos el descenso hacia el norte siguiendo la pista principal que da continuidad a la dirección que hemos llevado hasta ahora. Pasamos junto a un robledal tras el que se abren las vistas al Valle del Río Magaña y a las estribaciones de las tierras manchegas que ya se contemplan al fondo. La pista cruza el Barranco de las Posadillas, en la umbría de la Peña de Malabrigo, cuya cuerda podemos contemplar íntegramente, mientras continuamos el descenso hasta llegar a otro histórico enclave a los pies del Cerro del Moro, la Venta Bazana o Venta del Marqués, cuyo nombre hace referencia a D. Alvaro de Bazán, I Marqués de Santa Cruz, famoso almirante del siglo XVI que formó parte de del Consejo de Felipe II llegando a ser Capitán General del Mar Océano y de la gente de guerra del Reino de Portugal y que entre otros títulos tenía el de Señor del Viso y Valdepeñas, teniendo en Viso del Marqués su magnífico palacio que hoy alberga el Archivo General de la Marina.
Venta Bazana estaba ubicada en un cruce de caminos donde era parada obligada para los viajeros que se adentraban por esta zona de Sierra Morena en su camino a la meseta castellana o a los que se dirigían a tierras andaluzas. Actualmente está totalmente desaparecida aunque quedan algunos escombros y cimientos que muestran las importantes dimensiones que en su día tuvo.
En este cruce de caminos nosotros optamos por la pista que continúa hacia el norte como ya es pauta en esta ruta continuando así el descenso que traíamos ahora dando vista al barranco formado por el Arroyo del Palomo. Tras llevar andados unos 700-800 metros de la Venta Bazana nos encontraremos un cortafuegos y una pista a nuestra derecha. En este punto abandonamos la pista principal para seguir este camino que discurre junto a un vallado y que discurre por la antigua vía romana que cruzaba antiguamente Sierra Morena cuyo trazado era muy similar al recorrido que hoy estamos disfrutando. El camino va acentuando su pendiente en el descenso mientras nos sumerge en un espeso encinar hasta conducirnos a la orilla del Río Magaña, donde nos retomamos de nuevo la pista principal justo en el puente en el que ésta vadea el río.
Unos metros más abajo del puente veremos una gran pantaneta en la que se remansa el Río Magaña que dejamos atrás para iniciar ahora el ascenso por la pista junto al Arroyo del Viejo en un primer momento para posteriormente dar vistas al valle en busca de la aldea de Magaña a la que llegamos en algo más de 1 km.
La colonia de Magaña es otra pequeña aldea fruto de la repoblación de Carlos III de esta sierra. En 1761 se comenzó a levantar el plano topográfico de su emplazamiento sobre unos terrenos enajenados a la villa del Viso, lo que justifica esta extraña prolongación hacia el norte de la provincia de Jaen saliéndose del límite natural que marca la cuerda del Puerto del Muradal, Malabrigo y La Estrella. La máxima preocupación era conferir seguridad y acomodo a los viajeros en una zona que siempre había sido un peligroso hervidero de bandidos y en la que urgía poblar y acondicionar para facilitar el trasiego de gente.
La aldea fue trazada con una calle central y 8 viviendas simétricas, 4 a cada lado, con corrales en la zona posterior, y con aspecto de fuerte colonial con recios muros perimetrales y puertas de entrada y salida. Los colonos fueron en su mayoría alemanes y recibieron 50 fanegas de tierra y aperos de labranza para poder así dedicarse a la agricultura y la ganadería. Llegaron a tener iglesia, cura y cárcel pero la aridez e improductividad del terreno, las epidemias de tercianas, además de las vejaciones de soldados borrachos y los continuos saqueos de los salteadores espantaron a casi todo los colonos de este paraje, más aún al quedar muy disminuido el tránsito de viajeros tras la apertura del paso de Despeñaperros por el trazado ideado por Lemaur, quedando los pocos habitantes de la zona expuestos a los bandoleros y rigores de la zona. Quedan ahora en pie sus ruinas como una aldea fantasma que evoca su humilde pasado y que se resiste a caer en el olvido a pesar de los azotes de los siglos y del más completo abandono, que lamentablemente parece condenada a la completa destrucción si ninguna administración se implica de manera urgente en esta pequeña joya etnográfica.
Salimos de Magaña por su puerta norte siguiendo la pista que continua ascendiendo por la Dehesa de Magaña con vistas al Barranco del Platero y atravesando la ladera del Cerro Magaña en busca del límite provincial y autonómico que nos separa Jaen de Ciudad Real, Andalucía de Castilla La Mancha. En este límite encontraremos una cancela y un paso canadiense en un llano entre el Cerro del Platero y el Cerro del Bú. Siguiendo la pista y tras una última subida llegaremos a una pista de mayor entidad que seguimos ahora en descenso a la derecha, sobre el cauce del Arroyo del Duque para ir rodeando la ladera e introducirnos en el precioso Barranco del Castañarejo, donde pudimos contemplar unos magníficos ejemplares de venado en plena berrea.
Poco a poco la encina, el roble y el pino van dejando paso al predominio de la jara y el monte bajo para acompañar nuestro progresivo descenso por la pista. Encontraremos una puerta que nos indica que salimos del Coto de la Sierra del Viso, aunque la cancela no tiene candado ya que en todo momento avanzamos por camino real. Seguimos sin abandonarla la pista principal siempre en dirección norte atravesando el Olivar del Marqués y pasando junto a la Sierra de Santa María contemplando la integridad de las Sierras del Viso y de San Andrés además del Valle de los Perales. Tras atravesar el Arroyo de Puche y posteriormente el de Miguel Urtum emprendemos una corta y suave subida que tras confluir con la carretera que conduce al Valle de los Perales nos lleva inmediatamente a casco urbano del Viso del Marqués donde previamente por la mañana habíamos dejado un vehículo antes de dar inicio a la ruta y pudiendo así finalizar esta maravillosa travesía.

1 comment

  • Foto von Senderismo La Trocha

    Senderismo La Trocha 05.10.2015

    Sin duda la gran ruta de Despeñaperros. Unica y Espectacular. GRACIAS!!!

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