Pepe Koete

Pepe Koete

Cuando el mundo fue recién nacido la primera palabra vagó desconcertada por el desierto. Buscó y no halló un vergel donde echar raíces.

Una tarde, a la caída del sol y de su propia sombra, se tumbó sobre la arena a descansar y, sin rubor alguno, se dejó acariciar por la noche, el viento y las estrellas. Se quedó dormida y soñó que era duna.

Al despuntar el alba la primera palabra estaba sepultada bajo la arena. El viento, mientras, reía y transformaba sus gritos de socorro en susurros.

Desde entonces sólo los habitantes del desierto conocen el secreto de la primera palabra y traducen su nombre como verdad, que para ellos sólo es el susurro del viento sobre las dunas.

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